Ernesto Padilla, el tucumano que hizo del servicio a su provincia una forma de vida

09.00 hs | 23 de agosto de 2026 —
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Ernesto Eudoro Padilla fue una de las figuras centrales de la vida pública tucumana de la primera mitad del siglo XX. Su legado no se limita a los cargos que ocupó, sino sobre todo en las instituciones, obras, libros y proyectos que ayudó a hacer realidad.

El 23 de agosto de 1951, en Buenos Aires, moría Ernesto Eudoro Padilla. Tenía 78 años y llevaba décadas dedicando buena parte de sus energías a una idea que atravesó toda su trayectoria: trabajar por Tucumán y por el desarrollo cultural y material del norte argentino. .

Había nacido en San Miguel de Tucumán el 5 de enero de 1873. Su padre, José Padilla, había tenido una destacada actuación pública y como intendente de la capital tucumana impulsó importantes mejoras urbanas. Su madre, Josefa Nougués, pertenecía a una familia de tradición industrial.

Desde joven, Ernesto Padilla mostró una personalidad inquieta. Expulsado de la Escuela Normal, después de cursar sus primeros estudios en Santa Fe, completó su formación en el Colegio Nacional de Tucumán y viajó a Buenos Aires para estudiar Derecho. En 1896 obtuvo el título de abogado y doctor en Derecho en la Universidad de Buenos Aires, con una tesis dedicada a las leyes de irrigación que recibió la medalla de oro.

Una vida dedicada a la política

Padilla ingresó tempranamente en la política tucumana. Fue legislador provincial y, a partir de 1902, comenzó una extensa trayectoria como diputado nacional por Tucumán. Ocupó una banca en cuatro períodos: 1902-1906, 1911-1913, 1918-1922 y 1924-1928.

En el Congreso intervino en debates de gran importancia para la época. Su posición contraria al proyecto de ley de divorcio de 1902 le dio notoriedad nacional y reflejó sus profundas convicciones religiosas y sociales.

También participó en la Convención Constituyente de Tucumán de 1907. Pero sería su paso por la gobernación el que dejaría algunas de sus huellas más visibles en la provincia.

El gobernador de las instituciones

Ernesto Padilla asumió como gobernador de Tucumán el 2 de abril de 1913 y permaneció en el cargo hasta 1917. Su gestión estuvo marcada por una concepción del progreso que no se limitaba a las obras materiales: también buscaba fortalecer la educación, la ciencia y la cultura.

Durante aquellos años se materializó el proyecto de creación de la Universidad de Tucumán, proyecto impulsado por Juan B. Terán, José B. González, y convertido en realidad institucional en 1914. También nació, en 1915, la Caja Popular de Ahorros, concebida como una institución destinada a promover el ahorro y cumplir una función social.

Su gobierno también impulsó escuelas, obras públicas, el Museo Provincial de Bellas Artes y emprendimientos ferroviarios. La idea era construir instituciones capaces de sobrevivir a los gobiernos de turno.

Tucumán más allá de Tucumán

Después de dejar la gobernación, Padilla volvió al Congreso y continuó defendiendo desde allí los intereses del norte argentino.

Se ocupó de cuestiones vinculadas con la industria azucarera, las tarifas ferroviarias, el desarrollo de los ferrocarriles, como el tren de Salta al puerto de Antofagasta, el aprovechamiento de los recursos hídricos y las comunicaciones entre las provincias.

Uno de los proyectos que impulsó fue la construcción del dique de Escaba, una obra que finalmente se concretaría años después.

Su mirada, sin embargo, no estaba concentrada exclusivamente en Tucumán. También dedicó esfuerzos a distintas iniciativas vinculadas con Jujuy y otras provincias del Noroeste.

Por esa tarea llegó a ser considerado una especie de embajador permanente de la región en Buenos Aires: una persona capaz de gestionar ante ministerios, funcionarios e instituciones los recursos necesarios para proyectos que consideraba importantes.

Un político convertido en promotor de la cultura

Quizás uno de los aspectos menos conocidos de Padilla sea que su legado trascendió ampliamente la política.

Fue un activo impulsor de la investigación histórica, el folklore, la literatura y las ciencias naturales. Mantuvo vínculos con investigadores y escritores del Noroeste y ayudó a que numerosas obras pudieran ser publicadas.

Entre quienes recibieron su apoyo estuvo Miguel Lillo. Padilla colaboró para que pudiera concretarse la publicación del primer tomo de Genera Plantarum y posteriormente participó en iniciativas destinadas a preservar y ampliar el legado científico de Lillo. La propia Caja Popular destaca su compromiso con la cultura y el desarrollo de las instituciones tucumanas.

Alentó también al joven Alfredo Covello y apoyó a personalidades vinculadas con la cultura y la universidad tucumana, como Horacio Descole, a quien recomendó para ocupar el rectorado de la Universidad Nacional de Tucumán.

También respaldó la tarea de Juan Alfonso Carrizo, fundamental para la recopilación y preservación del cancionero popular del Noroeste.

Su interés por el folklore no era meramente anecdótico. Padilla entendía que recuperar canciones, tradiciones, nombres de lugares, relatos y costumbres significaba conservar una parte de la memoria colectiva.

Por eso escribió trabajos sobre historia, geografía, religión y folklore, además de reunir materiales vinculados con las tradiciones populares. Su apoyo a investigadores y recopiladores contribuyó así a la preservación de la cultura popular del Noroeste argentino.

El «capachero» de la historia

Había en Padilla una particular modestia intelectual.

Aunque poseía una considerable formación y había estudiado profundamente numerosos temas, prefería compararse con un «capachero»: aquel que lleva la argamasa para que otros puedan levantar la pared.

La imagen resulta significativa. Padilla no pretendía necesariamente ocupar el centro de cada obra. Muchas veces prefería conseguir los recursos, abrir puertas, reunir documentos o conectar personas.

Su aporte consistía en hacer posible.

Esa actitud explica en buena medida por qué su nombre aparece relacionado con tantas iniciativas diferentes: la educación, la ciencia, la historia, el folklore, las obras públicas y la defensa de los intereses regionales.

Los últimos años

Ministro de Justicia e Instrucción Pública entre 1930 y 1931. Años después tuvo una breve actuación al frente de la Intendencia de la ciiudad de Buenos Aires.

Pero su actividad vinculada con Tucumán continuó mucho después de abandonar los principales cargos públicos.

Durante sus últimos años sufrió una progresiva pérdida de visión. Lejos de retirarse completamente, siguió escribiendo, gestionando y manteniendo correspondencia con amigos, historiadores e intelectuales.

En una de sus últimas cartas, escrita en julio de 1951 a Miguel P. Díaz, resumió su estado de ánimo con una expresión sencilla: «durando, durando». Y, pese a su edad y a sus problemas de salud, reafirmaba su esperanza en el futuro de Tucumán.

En agosto de 1951, tras una breve visita a Tucumán, regresó a Buenos Aires. Allí murió el 23 de agosto, a los 78 años.

Una huella que todavía permanece

A 75 años de su muerte, Ernesto Padilla puede ser recordado desde diferentes perspectivas: como político liberal, como gobernador, como legislador, como católico, como intelectual o como hombre de su tiempo, con las virtudes y contradicciones propias de aquella época.

Pero hay una característica que atraviesa toda su trayectoria: su extraordinaria capacidad para convertir sus relaciones, su formación y su influencia en proyectos concretos.

La Universidad de Tucumán, la Caja Popular de Ahorros, el impulso a la obra de Miguel Lillo, el apoyo al folklore del Noroeste y sus numerosas gestiones por obras públicas forman parte de una misma concepción.

Padilla entendía la política como una herramienta para construir.

Quizás por eso, más allá de las discusiones sobre sus posiciones políticas y de los distintos momentos de su extensa carrera, permanece una imagen particularmente poderosa: la de un hombre que, incluso cuando los años y la enfermedad comenzaban a imponerle límites, continuaba buscando alguna tarea pendiente.

No se jubiló de Tucumán. Hasta el final, siguió pensando que todavía había algo por hacer.


Fuente: Carlos Páez de la Torre (h), carlospáezdelatorre.com — AHT – Libros sobre Efemérides de Tucumán (de Ezcurra, Marta; Puig, María Waldina).