Fortunata García y la cabeza de Marco Avellaneda

14.00 hs | 15 de septiembre de 2026
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La traición, la ejecución y la mujer que rescató su cabeza de una pica

El 3 de octubre de 1841, en Metán, terminó de manera brutal la vida de Marco Manuel de Avellaneda, uno de los principales dirigentes de la Liga del Norte y gobernador delegado de Tucumán. Tenía apenas 28 años.

La derrota de la Liga frente a las fuerzas federales de Manuel Oribe, en la batalla de Famaillá, el 19 de septiembre, obligó a sus dirigentes a huir. Avellaneda intentaba llegar a Bolivia para reunirse con su familia y escapar de la persecución. Pero fue traicionado.

Uno de sus propios oficiales, Gregorio Sandoval, había cambiado de bando y conocía el itinerario de Avellaneda. Lo encontró en la estancia La Alemania, en Guachipas, actual provincia de Salta, lo capturó y lo entregó a las fuerzas de Oribe.

Llevado a Metán, Avellaneda fue ejecutado sin juicio previo. Su muerte fue particularmente cruel y, después del degüello, su cabeza fue enviada a Tucumán por orden de Oribe.

La cabeza del joven dirigente fue clavada en una pica y expuesta en la actual plaza Independencia, entonces llamada plaza Libertad, como escarmiento para quienes se habían levantado contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Marco Manuel de Avellaneda. Retrato de Erminio Bettinotti, conservado en el Museo Histórico Nacional. LA GACETA/ARCHIVO

Fortunata García

Fue entonces cuando apareció Fortunata García de García.

Según la tradición, durante la noche Fortunata, acompañada por sus hermanas Trinidad y Cruz, retiró de la pica la cabeza de Avellaneda y la llevó hasta el convento de San Francisco, donde pudo ser ocultada y preservada.

Años después, la revista Caras y Caretas recogió una versión del episodio. Cuando los soldados registraban las casas tucumanas buscando la cabeza, llegaron a la vivienda de Fortunata. Ella habría señalado una caja y dicho:

Los soldados no la abrieron y la cabeza quedó a salvo.

A Fortunata también se le atribuye otro gesto de valentía: haber intervenido para salvar a Pacífico Rodríguez, acusado de conspirar contra el gobierno federal.

Fortunata García. Retrato de la patriota tucumana que intervino en favor de perseguidos políticos durante la época de Rosas.

La memoria de un mártir

El episodio quedó incorporado a la memoria tucumana y también a la literatura. En 1935, Héctor Pedro Blomberg publicó en Caras y Caretas un poema dedicado a Fortunata:

Sólo la Virgen María
Dicen que la vio llegar
Y arrancar de aquella lanza
Aquel despojo mortal.

En su pañuelo de seda
Ha dejado de sangrar
La cabeza soñadora
Del mártir de Tucumán.

Los mazorqueros de Oribe
No la vieron nunca más
Sobre la lanza sangrienta
Del tirano federal.

Porque ella, la Fortunata,
Sublime de caridad.
Fue al templo de San Francisco
Y la dejó en el altar.

Fuentes: Carlos Páez de la Torre (h); La Gaceta; Caras y Caretas; Luciana Sabina.


Redacción Ecos del Tucumán

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