La caída de Nicolás Maduro marca el fin de más de dos décadas de alianza estratégica entre Venezuela y Rusia, y abre un repliegue de Moscú en América Latina. Según fuentes diplomáticas, como habíamos informado anteriormente, Rusia intentó, a través del Vaticano y la mediación del cardenal Pietro Parolin, ofrecer a Washington un plan para facilitar la salida del líder chavista, incluyendo asilo en territorio ruso y garantías personales respaldadas por Vladimir Putin.
La propuesta no prosperó. Maduro rechazó el plan por desconfianza y por querer conservar sus activos en el exterior, exigiendo inmunidad y garantías para mantener un nivel de vida acomodado fuera de Venezuela.
Con la vía diplomática cerrada, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar que culminó con su detención. Más de 150 aeronaves participaron en acciones coordinadas, neutralizando los sistemas de defensa aérea venezolanos, muchos de fabricación rusa, sin bajas significativas.
Tras la captura, Moscú adoptó una reacción contenida: no hubo comunicación directa de Putin con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y los contactos diplomáticos se mantuvieron a nivel técnico, sin pronunciamientos públicos. En paralelo, Caracas ha intensificado su diálogo con Washington, marcando el inicio de una nueva etapa política en Venezuela.
La pérdida de Venezuela reduce significativamente la influencia de Rusia en América Latina y refuerza la centralidad de Estados Unidos en la región, mientras Moscú prioriza otros frentes internacionales, especialmente su implicación en Ucrania.
Fuente: ABC