Tucumán registra lluvias históricas en enero y febrero de 2026, acumulando más del 60 % por encima de lo normal. Las precipitaciones ponen en evidencia vulnerabilidades urbanas y los riesgos de conductas poco responsables, como arrojar basura en lugares indebidos.
Lo que está viviendo Tucumán en materia de clima, no es una lluvia de verano común. Aunque no hablamos acá de una DANA —Depresión Aislada en Niveles Altos— como la que afectó con dureza a la Comunidad Valenciana en octubre de 2024, la intensidad de las lluvias registradas en enero y lo que va de febrero de 2026 en gran parte de la provincia de Tucumán, tiene argumentos sólidos para ser considerado un fenómeno extraordinario.
En la Comunidad Valenciana, la DANA de octubre de 2024 se inscribió como uno de los eventos meteorológicos más severos de las últimas décadas en España:
Se registraron precipitaciones que superaron 770 mm en pocos días en algunas estaciones, cifras que normalmente demoran meses en acumularse en la región.
La magnitud de la lluvia fue tal que rompió récords locales y provocó inundaciones, desbordes y daños generalizados.
El impacto humano fue grave, con pérdidas de vidas y afectaciones profundas en infraestructuras.
A miles de kilómetros, en Tucumán, la temporada de lluvias de verano 2026 también está marcando registros inusuales:
- La lluvia histórica promedio en enero en Tucumán ronda los ~180 mm.
- En enero de 2026 se acumularon casi 300 mm en el aeropuerto, es decir, más del 60 % por encima de lo normal para todo el mes.
- Febrero comenzó con un mismo ritmo de inestabilidad: el Servicio Meteorológico Nacional ha emitido alertas por tormentas intensas con acumulados previstos que en pocas horas pueden superar los 50‑70 mm.

Durante enero de 2026 cayeron 300 mm en San Miguel de Tucumán. Foto: Ecos del Tucumán.
Datos y realidades diferentes, impactos comparables
Técnicamente, la situación en Tucumán no es una DANA en sentido estricto, porque ese término se refiere a un mecanismo muy específico de choque de masas de aire en niveles altos típicos del clima mediterráneo europeo. Lo ocurrido en Valencia en 2024 obedeció a esa dinámica, con un embolsamiento de aire frío en altura interactuando con aire cálido y húmedo del Mediterráneo, generando lluvias persistentes y extremas.
En Tucumán, en cambio, las lluvias responden a patrones estacionales de verano, con corrientes húmedas tropicales que inciden sobre sistemas inestables casi continuos. Pero el resultado en ambos casos es comparable en su impacto local: precipitaciones muy por encima de lo habitual para la región, con potenciales efectos sobre ríos, arroyos, infraestructura urbana y movilización comunitaria.
Claves para entender estos extremos
En Valencia, los registros de lluvia de más de 700 mm en pocos días son extraordinarios incluso para un clima que ya de por sí puede experimentar lluvias intensas en otoño.
En Tucumán, en enero de 2026 se acumularon casi 300 mm en el aeropuerto, es decir, más del 60 % por encima de lo normal para todo el mes.
Lo que une ambos episodios es una lección clara: los extremos pluviométricos están aumentando en frecuencia e intensidad en distintos rincones del planeta. Meteorólogos y estudios climáticos señalan que, con el calentamiento global, la atmósfera puede contener más humedad y liberar lluvias más intensas bajo ciertas condiciones, lo que a su vez exige una planificación y gestión del riesgo más adaptada a estos escenarios.
En Valencia, el impacto de la DANA impulsó revisiones de infraestructura y protocolos de emergencia. En Tucumán, la pregunta que emerge entre técnicos, responsables de gestión y ciudadanía es parecida: ¿estamos preparados para esta nueva realidad de lluvias que rompen patrones históricos y ponen a prueba sistemas de drenaje, alertas y resiliencia social?
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