15.05 hs | 03 de marzo de 2026
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Lo que el 1 de marzo debía ser una postal de unidad institucional en la apertura de sesiones ordinarias terminó por dinamitar el puente —ya astillado— en la cúspide del Poder Ejecutivo. El presidente Javier Milei pronunció el discurso más confrontativo de su mandato, pero la figura central de la noche fue, paradójicamente, a quien decidió no mencionar.
La sesión en el Congreso combinó un balance de gestión con una ofensiva verbal contra la oposición y contra un sector empresario. Poco importó si los datos resistían un análisis técnico riguroso. Lo que importó fue el efecto político: señalar enemigos de un bando y activar aplausos de otro.
Milei alternó datos sobre inflación, ajuste fiscal y reformas estructurales con descalificaciones directas: “ladrones”, “golpistas”, “ignorantes”, “asesinos”. También apuntó contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en un clima de tensión creciente dentro del recinto.
El vacío en el estrado
Durante más de una hora de discurso, el Presidente aludió a traiciones internas y a «propios y extraños» que “usan las instituciones para proyectos personales, soñando con el sillón de Rivadavia”. Las miradas —y también las cámaras, que hasta entonces la habían esquivado— se posaron sobre la vicepresidenta Victoria Villarruel, ubicada pocos metros atrás.
El saludo inicial, frío y estrictamente protocolar, marcó el clima de la noche. A lo largo de la intervención, Javier Milei evitó cuidadosamente cualquier mención directa a su compañera de fórmula, quien presidía la sesión en el Honorable Senado de la Nación. La escena terminó de confirmar una ruptura política que ya no se oculta.
Resistencia bajo fuego
Desde entonces, la presión sobre la Vicepresidenta se intensificó. Voces del oficialismo, entre ellas el diputado Luis Petri, la señalaron como factor de tensión interna.
Villarruel respondió este 3 de marzo con una frase tajante: “Quieren mi renuncia, pero no se les va a dar”. El mensaje marcó posición y confirmó que no habrá repliegue. Su estrategia apunta a consolidar un perfil propio, con énfasis en institucionalidad y agenda nacional.
¿Hacia un 2027 propio?
El conflicto interno parece haber producido un efecto inesperado. Lejos de debilitarla, el hostigamiento alimentó especulaciones sobre una construcción política autónoma con proyección a 2027, basada en vínculos con sectores del peronismo federal y la oposición dialoguista.
Hoy, la Casa Rosada enfrenta un doble frente: sostener su programa económico y administrar una fractura interna que dejó de ser rumor para convertirse en hecho político visible.
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