09.00 hs | 06 de septiembre de 2026 —
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En la Antigüedad, las Columnas de Hércules, identificadas tradicionalmente con los promontorios situados a ambos lados del estrecho de Gibraltar, señalaban para los europeos el límite del mundo conocido y representaban una advertencia para quienes se aventuraban hacia lo desconocido. De allí surgió la expresión latina «Non Plus Ultra», «no hay más allá»: más allá de aquellas columnas, al igual que ocurría simbólicamente con Finisterre, comenzaba el territorio de lo desconocido.
Con la expansión ultramarina de la monarquía hispánica, aquella idea de límite comenzó a adquirir otro significado. Carlos I de España incorporó las Columnas de Hércules a sus armas junto con la divisa «Plus Ultra» («más allá»), transformando el antiguo «Non Plus Ultra» en una afirmación de superación y apertura hacia nuevos horizontes. El lema pasó así a formar parte de la tradición heráldica española y permanece hasta hoy en el escudo nacional.

El escudo de España, con las Columnas de Hércules y la divisa «Plus Ultra» («más allá»), heredera de una tradición que transformó el antiguo «Non Plus Ultra» en un símbolo de superación y expansión.
Cuatro siglos después, en 1926, ese nombre volvió a adquirir una extraordinaria fuerza simbólica.
El Plus Ultra, un hidroavión Dornier Do J Wal, emprendió desde Palos de la Frontera un vuelo que evocaba deliberadamente las grandes travesías atlánticas iniciadas por Cristóbal Colón. A bordo viajaban Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada. Tras varias etapas y más de diez mil kilómetros de recorrido, el hidroavión llegó a Buenos Aires el 10 de febrero de 1926, donde fue recibido por una multitud.

El Plus Ultra, el hidroavión español que en 1926 llevó hasta Buenos Aires la divisa «más allá» y convirtió el Atlántico en un puente entre España y Argentina.
El nombre elegido para la aeronave parecía entonces especialmente apropiado: Plus Ultra, más allá. Si las antiguas Columnas de Hércules habían simbolizado alguna vez el límite del mundo conocido, el vuelo de 1926 convertía aquella antigua divisa en una metáfora de la aviación moderna: atravesar el océano, superar las distancias y volver a unir, por otra vía, las dos orillas del Atlántico.

Carlos I incorporó las Columnas de Hércules a sus armas junto con la divisa «Plus Ultra» —«más allá»—, en reemplazo simbólico del antiguo «Non Plus Ultra».
La hazaña tuvo además una profunda dimensión simbólica entre España y Argentina. El entusiasmo provocado por la llegada de los aviadores se prolongó durante semanas, con homenajes y celebraciones en distintas ciudades. Alfonso XIII terminó donando el hidroavión a la Argentina, y la aeronave quedó incorporada a la memoria histórica del país. Actualmente se conserva en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Luján.

El Plus Ultra, conservado en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Luján, donde permanece como testimonio de la histórica travesía aérea que unió España y Argentina en 1926.
El episodio también encontró eco en la cultura popular. En 1928, Carlos Gardel grabó en Barcelona «La gloria del águila», un tango escrito por los españoles Enrique Nieto del Molino y Martín Monserrat Guillemat en homenaje al vuelo del Plus Ultra.
La canción evocaba el recibimiento de los aviadores en el Río de la Plata y resumía, en sus versos finales, el significado que adquirió aquella travesía:
«Dos países en un noble lazo
con el alma se dan un abrazo,
es la madre que va a visitar los hijos
que viven en otro hogar».
A cien años del vuelo del Plus Ultra, la historia conserva una particular fuerza simbólica. Aquella aeronave no solamente protagonizó una de las grandes gestas de la aviación de su tiempo: recuperó, en pleno siglo XX, una antigua idea condensada en dos palabras latinas: Plus Ultra
Más allá de las Columnas de Hércules. Más allá del océano. Más allá de las fronteras.
Redacción Ecos del Tucumán