A dos meses de su fallecimiento, la comunidad de Tucumán recuerda al padre Carlos Salica, sacerdote de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, cuya vida estuvo marcada por el servicio, la cercanía con la gente y una vocación construida desde la experiencia personal.
Salica atravesó una enfermedad que afrontó con serenidad. En sus últimos días solía repetir una frase que resumía su mirada sobre la vida: “Todo pasa, sólo Jesús queda”, recordaron desde su comunidad parroquial.
Su historia vocacional fue singular. Tras 46 años de matrimonio con Rosa Chávez y luego de su fallecimiento, decidió consagrarse al sacerdocio. Fue ordenado en 2013, después de haber servido durante 16 años como diácono permanente. Los anillos de su matrimonio fueron fundidos en su cáliz sacerdotal, como símbolo de continuidad entre su vida familiar y su ministerio.
Además de su tarea pastoral, fue docente y director del Colegio Sagrado Corazón, donde desarrolló una extensa labor educativa. Acompañó comunidades de distintos barrios y localidades de la provincia y fue reconocido por su trato sencillo y su compromiso social. Era también devoto de Nuestra Señora de Lourdes, una referencia constante en su vida personal.
A dos meses de su partida, su figura sigue presente en la memoria de quienes lo conocieron como educador, sacerdote y hombre cercano a su comunidad.
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