Tensión geopolítica en el Ártico.
WASHINGTON / COPENHAGUE / BRUSELAS —
En los últimos días, la disputa por el futuro de Groenlandia, una extensa isla de 2,16 millones de km² con apenas 57.000 habitantes y territorio semiautónomo del Reino de Dinamarca, escaló hasta convertirse en un desafío significativo para las relaciones transatlánticas y la estabilidad de la OTAN.
La tensión se avivó tras las insistentes declaraciones del presidente Donald Trump, quien ha planteado que Estados Unidos debería controlar Groenlandia por razones de “seguridad nacional” para contrarrestar supuestas amenazas de Rusia y China. En redes sociales y declaraciones públicas, Trump pidió a la OTAN que “marque el camino” para que Washington asuma el mando del territorio, aunque Dinamarca no está dispuesta a ceder su soberanía.
Choque diplomático y despliegues militares europeos
En una reunión celebrada este 14 de enero en la Casa Blanca entre representantes daneses y altos funcionarios estadounidenses, incluidos el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, Dinamarca describió el diálogo como “franco, pero sin avances en la posición norteamericana”.
Como respuesta, Dinamarca anunció un aumento inmediato de su presencia militar en Groenlandia, con el despliegue de tropas, buques y aeronaves en coordinación con países aliados de la OTAN. Este movimiento busca “entrenar capacidades bajo las condiciones únicas del Ártico” y fortalecer la huella de la alianza en la región.
Varios países europeos, incluidos Francia, Alemania, Suecia y Noruega, ya han confirmado el envío de efectivos o material para apoyar estas operaciones, como parte de los esfuerzos para garantizar la seguridad conjunta de la isla ante cualquier presión externa.
Europa cierra filas y defiende la soberanía
El Parlamento Europeo adoptó una declaración de apoyo inequívoco a Dinamarca y Groenlandia, condenando las declaraciones de la administración estadounidense que desafían el derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y reclamando que la soberanía de Groenlandia sea respetada.
Gobiernos de países como España también expresaron solidaridad con Copenhague, subrayando que la seguridad en el Ártico debe lograrse “colectivamente” con el respeto a la integridad territorial e inviolabilidad de fronteras dentro de la OTAN.
Reacciones en Groenlandia y riesgo para la OTAN
Las autoridades groenlandesas han rechazado expresamente cualquier cambio de soberanía no consensuado y han enfatizado la importancia del respeto a la autodeterminación de su pueblo, una postura coherente con una larga historia de intentos fallidos de Estados Unidos por adquirir la isla.
Ya en 1867, tras la compra de Alaska, Washington evaluó de manera informal la posibilidad de sumar Groenlandia. En 1946, el presidente Harry Truman llegó a ofrecer 100 millones de dólares en oro a Dinamarca, propuesta que fue rechazada; y, más recientemente, en 2019, el entonces presidente Donald Trump reactivó públicamente la idea, provocando un fuerte roce diplomático con Copenhague.
Por su parte, algunos analistas advierten que un eventual intento estadounidense de avanzar hacia un control militar de Groenlandia no solo fracturaría profundamente la alianza atlántica, sino que podría desatar un dilema de seguridad internacional sin precedentes en el Ártico.
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