Un Arco de Triunfo para Tucumán: memoria, independencia y un sueño pendiente

Entre los proyectos conmemorativos surgidos en torno a la memoria de las campañas independentistas del norte argentino, uno de los más ambiciosos fue la iniciativa impulsada por diputados tucumanos —con fuerte protagonismo del doctor Ernesto Padilla— para erigir un monumento en homenaje al Ejército Auxiliar del Interior y del Alto Perú. La propuesta contemplaba destinar cien mil pesos y formar una comisión especial para su ejecución.

En la sesión del 13 de septiembre de 1912, el diputado Padilla subrayó el profundo significado histórico de las batallas libradas en la región, señalando que la victoria del Campo de las Carreras marcó el límite más meridional de la avanzada española en América del Sur. De ese relato surgieron las expresiones simbólicas que definieron a la capital tucumana como “sepulcro de los tiranos” y “cuna de la libertad”, lemas que debían grabarse en la obra proyectada. Sin embargo, la Cámara de Diputados no adoptó una resolución concreta y el proyecto quedó en suspenso.

El proyectado Arco de Triunfo para Tucumán, previsto para erigirse en el noroeste de la ciudad, se inspiraba en modelos europeos como el Arco de Septimio Severo en Roma y el Arco del Triunfo de París.

Ya como gobernador y en el contexto de los preparativos del centenario de la Independencia, gestionó apoyo nacional para concretarlo. El lugar elegido era la intersección de los boulevares Sarmiento y Mitre, punto estratégico vinculado históricamente con el paso de los ejércitos patrios hacia el norte. No obstante, las autoridades nacionales rechazaron la propuesta alegando falta de recursos y la necesidad de priorizar otros homenajes.

En esa carta presentó un memorial para erigir monumentos que evocaran el recorrido del Ejército del Alto Perú por las provincias del norte; la iniciativa fue calificada como ‘hermosa y grandiosa’ por destacados referentes académicos.

Aunque ninguna de las iniciativas se materializó, el proyecto revela la profunda conciencia histórica de Tucumán y su voluntad de consolidar una memoria urbana que honrara el papel decisivo del Ejército del Norte en la independencia. El arco triunfal que nunca se levantó permanece como símbolo de una aspiración colectiva: recordar, desde el espacio público, la gesta que convirtió a la provincia en emblema de libertad y resistencia americana.


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