9.00 hs | 12 de mayo de 2026
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A simple vista, el elegante eje de la calle Serrano, en el madrileño Barrio de Salamanca, parece representar buena parte de aquello que Eva Perón cuestionó discursivamente durante su vida política: lujo, exclusividad y concentración del poder económico. Entre boutiques de marcas internacionales, vehículos de alta gama y distinguidas fachadas señoriales, pocos argentinos imaginarían encontrar un espacio dedicado a una de las figuras más emblemáticas de la historia argentina.
Allí, en el distrito de Salamanca y junto al barrio de La Guindalera, se encuentra el Parque María Eva Duarte de Perón. Inaugurado en 1967, este espacio verde de casi tres hectáreas alberga un busto de Eva Perón realizado por el escultor español Luis Sanguino. Rodeado de jardines y senderos arbolados, el lugar ofrece una calma que contrasta con el ritmo intenso de una de las zonas más exclusivas de Madrid.
La existencia de ese parque no es casual. Es un vestigio silencioso de la profunda huella que Eva Perón dejó en España tras su histórica visita de 1947, en una Europa devastada por la posguerra y una España aislada internacionalmente por un apartheid hacia el franquismo.

El barrio de Salamanca es conocido por ser una de las zonas más ricas con un alto costo de vida y tiendas de lujo en Madrid — Foto de JJFarquitectos
Mientras gran parte del continente intentaba reconstruirse después de la Segunda Guerra Mundial, el régimen de Francisco Franco atravesaba una dura crisis económica y diplomática. En ese contexto, la Argentina de Juan Domingo Perón se convirtió quizás en el principal apoyo del gobierno español, enviando alimentos y ayuda humanitaria que se materializó en el envío de más de 400.000 toneladas de trigo solo en 1947, además de grandes cargamentos de maíz, legumbres y carne congelada que permitieron suspender el racionamiento de pan.
Esta ayuda se estructuró a través del Protocolo Franco-Perón, un crédito de 450 millones de pesos a bajo interés y facilidades de pago que funcionó como un «Plan Marshall» argentino para evitar el colapso por hambre en España. Eva Perón llegó a Madrid como representante de esa cooperación siendo recibida con honores de jefe de Estado.

Eva Perón es recibida por Francisco Franco durante su histórica visita a España en 1947, bajo la atenta mirada de Carmen Polo. Una imagen cargada de simbolismo político.
Las imágenes de la época muestran multitudes vitoreándola en las calles madrileñas. Para muchos españoles golpeados por el hambre y las privaciones, Evita simbolizaba la ayuda proveniente de una nación hermana cuando buena parte del mundo le daba la espalda a España.
La relación entre Eva Perón y el franquismo siempre estuvo rodeada de contradicciones políticas e ideológicas. Como el peronismo reivindicaba la justicia social y un discurso cercano a los trabajadores, la visita de la carismática primera dama argentina, fortaleció a Franco en uno de sus momentos más delicados.
Incluso dentro de la familia Franco, la figura de Eva despertó fascinación. Carmen Franco, hija del dictador, admiraba el estilo y la popularidad de la dirigente argentina, mientras Carmen Polo, esposa de Franco, mantuvo con Eva una relación protocolar marcada tanto por la cortesía como por las diferencias de origen y personalidad entre ambas mujeres.
Con el paso de las décadas, la figura de Eva Perón siguió generando admiración, rechazo y debates apasionados a ambos lados del Atlántico. Pero en Madrid, lejos de su Argentina natal y del mito construido alrededor de su figura, un parque lleva su nombre. Y quizás allí resida una de las mayores paradojas de la historia: que una mujer convertida en símbolo de los humildes tenga su homenaje permanente en el corazón del barrio más aristocrático de España.
Redacción – Ecos del Tucumán