11.11 hs | 30 de octubre de 2026 —
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En 1915, por iniciativa del gobernador Ernesto Padilla, un antiguo monolito de los Valles Calchaquíes fue trasladado hasta el parque 9 de Julio. La travesía demandó casi un mes y convirtió a la pieza arqueológica en protagonista de una singular historia tucumana.
Mucho antes de la llegada de los españoles, los antiguos habitantes del valle de Tafí levantaron monumentos de piedra que todavía despiertan interrogantes entre los investigadores. Conocidos como menhires, estos monolitos presentan figuras humanas, animales y diseños geométricos que podrían estar relacionados con antiguas prácticas ceremoniales.
Uno de los más conocidos es el menhir Ambrosetti, llamado así en homenaje al naturalista y arqueólogo Juan Bautista Ambrosetti, quien estudió y dio a conocer estos monumentos a fines del siglo XIX.
En noviembre de 1896, durante una expedición por el valle de Tafí, Ambrosetti registró la existencia de estas piedras talladas. Sus observaciones quedaron plasmadas en el trabajo Los monumentos megalíticos del valle de Tafí (Tucumán), publicado en 1897.

Con un peso aproximado de 1.800 kilos, el menhir Ambrosetti presenta un rostro humano y un cuerpo de rasgos felinos. El Archivo Histórico de Tucumán lo identifica como una representación del Runa-Uturunco, el hombre-tigre.
Un viaje extraordinario
En 1915, el gobernador Ernesto Padilla impulsó el traslado de uno de estos monolitos desde El Mollar hasta San Miguel de Tucumán. El propósito era incorporarlo a los atractivos históricos del parque 9 de Julio, en las proximidades de la Casa del Obispo Colombres.
La operación fue una verdadera proeza para la época. El monumento, de aproximadamente 3,10 metros de altura y 1.800 kilos, fue transportado mediante una estructura de madera y ruedas de carro. Unos cuarenta hombres participaron de la expedición, dirigida por Segundo Ríos Bravo.

A la derecha, el menhir Ambrosetti en el parque 9 de Julio. A la izquierda, una caricatura publicada por El Orden, que ironizaba sobre las cuatro obras fundamentales del gobierno de Ernesto Padilla: enhiestar el menhir, dar leche a la infancia desvalida, fomentar el deporte en la niñez y velar por la salud de Ernestina, la elefanta del Zoo”.
Para proteger la piedra durante el recorrido, fue cubierta con cueros, trapos y lonas. La partida se produjo el 4 de octubre de 1915 y, después de atravesar difíciles caminos de montaña, llegó a la capital el 6 de noviembre.
El traslado no estuvo exento de controversias. Ya en noviembre de 1914, el diario La Gaceta había cuestionado la iniciativa, señalando que los monumentos debían permanecer en su entorno original para facilitar su estudio y conservación.

El menhir Ambrosetti en el parque 9 de Julio, donde permaneció durante más de seis décadas, antes de su regreso a los Valles Calchaquíes en 1977.
El regreso a los Valles
El menhir permaneció en el parque 9 de Julio hasta mayo de 1977, cuando fue trasladado nuevamente a los Valles Calchaquíes.
En 2002 comenzó otro proceso de reubicación de los monolitos hacia la zona de La Sala, en El Mollar, con participación de especialistas y organismos provinciales.

Reserva Arqueológica Los Menhires, en El Mollar, Tafí del Valle, donde se conservan los antiguos monolitos de piedra de la cultura Tafí.
La historia del menhir Ambrosetti reúne arqueología, política y patrimonio. Su recorrido permite comprender que estas piedras no son simples objetos antiguos: constituyen testimonios de las sociedades que habitaron Tucumán mucho antes de la formación de la provincia y cuya historia todavía continúa siendo investigada.
Fuentes: Juan Bautista Ambrosetti, Los monumentos megalíticos del valle de Tafí (1897); Archivo Histórico de Tucumán; investigaciones de Ana María Chambeaud y Bárbara Manasse.
Redacción Ecos del Tucumán