En 1950, el exgobernador Ernesto E. Padilla publicó un libro singular: La Mesa del Hogar. Recetas de Elvira. No era un recetario más. Era un gesto de amor y memoria.
Tras la muerte de su esposa, Ermesto Padilla encontró un voluminoso fajo de hojas escritas a mano. Allí, Elvira Salvatierra había reunido durante años recetas probadas en su propia cocina: platos criollos, dulces conventuales, preparaciones cuaresmales y normas detalladas de etiqueta. Decidió entonces ordenar y editar ese material. El resultado fue un voluminoso libro de 500 páginas y 555 recetas que agotó su primera tirada y debió reimprimirse. Hoy es inhallable.
Un libro que retrata una época
Las páginas de La Mesa del Hogar nos transportan a la primera mitad del siglo XX. No sólo por lo que se comía, sino por cómo se vivía.
Allí conviven el locro de maíz, la humita en chala, el mondongo a la criolla, la mazamorra, el ganso guisado con maní o el pastel de hoja santiagueño, con preparaciones más sofisticadas como el “Aspic de ternera y jamón”. La última receta, número 555, enseña a preparar “Toddy casero”. Tradición y modernidad en una misma mesa.
Las indicaciones sorprenden hoy: algunas comienzan explicando cómo sacrificar y desplumar un ave antes de llevarla al horno. Las proporciones parecen pensadas para familias numerosas o reuniones sociales frecuentes. Nada era instantáneo. Todo requería tiempo, atención y oficio.
Cocina y buenas formas
El libro no se limita a las recetas. Incluye reglas minuciosas sobre el servicio de mesa: qué vajilla utilizar, cómo disponer las copas según la bebida, cómo cortar verduras con precisión o cómo enfrentar con elegancia un choclo rebelde.
Ese afán normativo revela el ideal de sociabilidad de una élite provincial que buscaba combinar tradición criolla con refinamiento europeo. Comer era también un acto social y moral.

Presencias y ausencias
La historia de Elvira Salvatierra ilumina, al mismo tiempo, una ausencia. Como tantas mujeres de su generación, su nombre quedó eclipsado por el de su esposo. Sin embargo, su legado sobrevivió en lo cotidiano: en los sabores, en los rituales domésticos, en la educación del gusto.
El estudioso Juan Alfonso Carrizo calificó la obra como un “precioso libro folklórico” por la cantidad de platos tradicionales que rescata. No exageraba. Allí late una memoria culinaria que forma parte del patrimonio cultural tucumano, y de una parte de la Argentina comienzos de siglo XX.
Más que recetas
La Mesa del Hogar no es sólo un recetario. Es un documento histórico. Permite entender el rol asignado a la mujer, la centralidad de la cocina en la vida familiar y la manera en que la tradición se transmitía de generación en generación.
En tiempos de comida rápida y vínculos acelerados, releer a Elvira Salvaatierra es un ejercicio de memoria. Nos recuerda que detrás de cada plato hay una historia, y que la identidad también se cocina a fuego lento.
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