La primera medalla olímpica argentina fue de oro… y la ganó un tucumano

Cuando la delegación argentina debutó en el medallero olímpico en París 1924, no lo hizo con timidez; lo hizo con el brillo del oro. Y, curiosamente, una de las figuras clave de esa gesta nació en Tucumán.

La odisea comenzó mucho antes de llegar a la capital francesa. Durante 20 días de navegación a bordo de los vapores transatlánticos Cap Polonio y Massilia, los atletas desafiaron al Atlántico. Sin gimnasios, las cubiertas se convirtieron en campos de entrenamiento improvisados: los boxeadores hacían sombra entre las reposeras, los atletas corrían por los pasillos, manteniendo la forma física. En la bodega, los caballos del equipo de polo —la joya de la delegación— eran cuidados con obsesión para asegurar que, tras el cruce, estuvieran listos para la competencia.

El viaje fue una apuesta política y deportiva. Ante la falta de una ley específica que financiara la expedición, el presidente Alvear firmó un decreto asignando 250.000 pesos que hicieron posible el viaje de la delegción argentina. Al desembarcar en Francia, el esfuerzo logístico continuó hasta llegar a París y establecerse en la comuna de Saint-Cloud, donde el equipo de polo se preparó para la historia.

Juan Nelson, Juan Miles, Enrique Padilla y Arturo Kenny fueron conocidos como «Los Cuatro Grandes del Sur». En un deporte por entonces fuertemente vinculado a la colectividad británica, Padilla se erigía como uno de los primeros «criollos» en el seleccionado.

El equipo argentino de Polo que le otorgó la primera medalla olímpica al país. Arturo Kenny, Juan Miles, Juan Nelson y Enrique Padilla.

Padilla fue, además, un pionero de la aviación argentina, integrando aquella estirpe de caballeros del aire junto a figuras como Jorge NewberyTeodoro Fels y Pablo Castaibert, Próspero Palazzo y Benjamín Matienzo. Su audacia en el campo de polo era el reflejo de la misma valentía con la que estos hombres conquistaron los cielos argentinos.

La prueba de fuego llegaría el 6 de julio. El duelo contra la hasta entonces invencile escuadra de Estados Unidos, liderada por el legendario Tommy Hitchcock, fue una batalla de nervios y destreza. Con el marcador clavado en un agónico 5-5 hasta los segundos finales, un gol de Juan Nelson selló el 6-5 definitivo. Argentina no solo vencía a una superpotencia; reclamaba su lugar en el mundo, y lo hizo desde lo más alto del podio con la medalla dorada.

Al finalizar el torneo, los jinetes vendieron sus caballos en Europa, una decisión estratégica con la que se pudo financiar el viaje de regreso y dejó grabada en el Viejo Continente la calidad inigualable de los caballos de polo argentinos.

Aquel fue el motor de una participación histórica que cerró con seis medallas: el oro en polo, tres de plata (una en salto triple con Luis Brunetto y dos en boxeo) y dos de bronce en boxeo.

La Argentina olímpica nació en lo más alto del podio, y esa historia, la de un equipo que cruzó el mar para reescribir las reglas del deporte, comenzó con un tucumano. En su homenaje la Asociación Argentina de Polo realiza anualmente la Copa Coronel Enrique Padilla (handicap).


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